Menos del 10% de las personas con la enfermedad de Chagas en las Américas han sido diagnosticadas, y solamente alrededor del 1% de las que padecen la enfermedad han recibido tratamiento antiparasitario especifico contra la enfermedad. Sin tratamiento, la enfermedad de Chagas puede causar daños muy serios e irreversibles al corazón y otros órganos vitales. Los medicamentos actuales, descubiertos hace medio siglo, son eficaces durante la fase aguda y el principio de la fase crónica del Chagas. Sin embargo, pueden causar efectos secundarios indeseables y no son tan eficaces cuando ya se han desarrollado complicaciones moderadas a severas en la etapa avanzada de la enfermedad.

Chagas patient standing in front of his house in Mexico

Como normalmente la enfermedad de Chagas es asintomática durante años desde la infección, los nuevos casos suelen no ser detectados ni reportados, y la mayoría de las personas con la enfermedad no es consciente de su condición. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) calcula que la enfermedad afecta aproximadamente a 6 millones de personas, con 30.000 nuevos casos y 14.000 muertes por año.  La trasmisión de madre a hijo es una de las principales formas de propagación de la enfermedad, con aproximadamente 9.000 recién nacidos infectados en el útero cada año.

Aunque se asocie principalmente con la zona rural, el perfil epidemiológico de la enfermedad ha cambiado en las últimas décadas, y actualmente dos tercios de las personas con Chagas viven en ciudades. Pese a esto, desde que se descubrió en 1909, el Chagas ha afectado principalmente a las poblaciones pobres y vulnerables, con acceso limitado a los servicios de salud. Además, sus efectos debilitantes a largo plazo, que pueden imposibilitar a las personas de trabajar y ser económicamente activas, perpetúan este ciclo de pobreza y marginalización.

 

Imagen: Fábio Nascimento – DNDi