Hepatitis C

¿Qué es la hepatitis C?

El virus de la hepatitis C (VHC) es transmitido principalmente por la exposición a la sangre contaminada, generalmente por jeringas, contacto sexual o equipos médicos con esterilización inapropiada. Si no se trata puede conducir a una enfermedad hepática crónica y debilitante, incluyendo cirrosis, fibrosis y cáncer, así como a otros problemas de salud.

La gran mayoría de los infectados no tiene conocimiento de su estado y son asintomáticos. Hay seis distintos genotipos de la enfermedad, y cada región tiene su propia distribución de genotipos, lo que representa un gran reto, puesto que los medicamentos apropiados pueden diferir de acuerdo con el genotipo.

 

Impacto de la hepatitis C

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2015 había 71 millones de personas con hepatitis C en el mundo, de las cuales cerca del 75% fueron identificadas en 2016 como habitantes de países de medianos y bajos ingresos, y sólo el 13% tuvieron acceso al tratamiento. La meta de la OMS es tratar al 80% de las personas con hepatitis C hasta 2030. Dado el escenario actual del acceso a los medicamentos, esta meta parece ser lejana.

Map of HCV distribution worldwide (2015)

 

Síntomas

Después de la infección, hay un período de incubación de dos semanas a seis meses. Posterior a este período, aproximadamente el 80% de las personas son asintomáticas. Las personas con infección aguda pueden sufrir de fiebre, fatiga, disminución del apetito, náuseas, vómitos, dolor abdominal, orina oscura, heces de color gris, dolor en las articulaciones e ictericia (color amarillo de la piel y del blanco de los ojos).

 

Transmisión

El VHC es un virus transmitido por la sangre y, por lo tanto, los medios más comunes de infección son a través de prácticas de inyección inseguras, la esterilización inadecuada del equipo médico en algunos contextos de atención médica y sangre no examinado. El VHC también puede transmitirse sexualmente y puede transmitirse de una madre infectada a su bebé, pero este último es menos común.

 

Diagnóstico

Dado que la infección aguda por hepatitis C suele ser asintomática, el diagnóstico precoz es raro. La infección generalmente permanece sin diagnosticarse en las personas que desarrollan el VHC crónico, a menudo hasta que un daño hepático grave se desarrolle.

La infección por la hepatitis C se diagnostica en primer lugar mediante la detección de anticuerpos anti-VHC con una prueba serológica. La presencia de anticuerpos muestra que el organismo ha estado en contacto con el virus y que ha habido una reacción inmunológica al mismo. Sin embargo, es posible que el virus se haya eliminado o que aún se esté multiplicando en el cuerpo. Por lo tanto, se debe realizar una segunda prueba que demuestre la presencia o ausencia del virus: la prueba de ácido nucleico para el ARN del VHC. Para decidir qué tratamiento usar, el grado de daño hepático se evalúa mediante una biopsia de hígado o mediante una variedad de pruebas no invasivas y se determina el genotipo del VHC responsable por la infección.

 

Tratamiento

No hace mucho, el tratamiento duraba 48 semanas, con un medicamento inyectable semanal, que desencadenaba reacciones severas y dolorosas. El actual tratamiento para la hepatitis C se basa en combinaciones de medicamentos que actúan directamente sobre el virus y son altamente eficaces. Las tasas de curación, después de un curso de tratamiento oral con duración de 8, 12 o 24 semanas, superan el 95%.

Los precios exorbitantes del sofosbuvir y sus combinaciones (US$ 4.500, precio de la Organización Panamericana de la Salud [OPAS] en 2018), resultante de su situación de casi monopolio —que impone barreras a los genéricos—, limita las políticas de salud pública, como el diagnóstico y el tratamiento de todos los pacientes que los necesitan. La mayoría de los gobiernos, por ejemplo, restringe el tratamiento a aquellas personas en estado más avanzado de la enfermedad. Como resultado, cada año se infectan más personas que el número de pacientes que reciben tratamiento, lo que ubica a la lucha contra la enfermedad en el camino inverso al de su eliminación.